viernes, 15 de abril de 2022

POEMA A MI CRISTO ROTO



A mi Cristo roto lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui en compañía de un buen amigo mío. Al Cristo, ¡Qué elección! Se le puede encontrar entre tuercas y clavos, chatarra oxidada, ropa vieja, zapatos, libros, muñecas rotas o litografías románticas. La cosa, es saber buscarlo. Porque Cristo anda y está entre todas las cosas de este revuelto e inverosímil rastro que es la Vida.

Pero aquella mañana nos aventuramos por la casa del artista, es más fácil encontrar ahí al Cristo, ¡Pero mucho más caro!, es zona ya de anticuarios. Es el Cristo con impuesto de lujo, el Cristo que han enriquecido los turistas, porque desde que se intensificó el turismo, también Cristo es más caro.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas y andábamos por la tercera o cuarta.

- Ehhmm ¿Quiere algo padre?- Dar una vuelta nada más por la tienda, mirar, ver.

De pronto… frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, iba a lanzarme sobre él, pero frené mis ímpetus. Miré al Cristo de reojo, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a Él, no sé por qué. Fingí interés primero por los objetos que me rodeaban hasta que mis manos se apoderaron del Cristo, ¡Dominé mis dedos para no acariciarlo! No me habían engañado los ojos… no. Debió ser un

Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

Se acercó el anticuario, tomó el Cristo roto en sus manos y…

- Ohhh, es una magnífica pieza, se ve que tiene usted gusto padre, fíjese que espléndida talla, qué buena factura…

- ¡Pero… está tan rota, tan mutilada!

- No tiene importancia padre, aquí al lado hay un magnífico restaurador, amigo mío y se lo va a dejar a usted, ¡Nuevo!

Volvió a ponderarlo, a alabarlo, lo acariciaba entre sus manos, pero… no acariciaba al Cristo, acariciaba la mercancía que se le iba a convertir en dinero.

Insistí, dudó, hizo una pausa, miró por última vez al Cristo fingiendo que le costaba separarse de Él y me lo alargó en un arranque de generosidad ficticia, diciéndome resignado y dolorido:

- Tenga padre, lléveselo, por ser para usted y conste que no gano nada 3000 pesetas nada más, ¡Se lleva usted una joya!

El vendedor exaltaba las cualidades para mantener el precio. Yo, sacerdote, le mermaba méritos para rebajarlo… Me estremecí de pronto. ¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! Y me acordé de Judas… ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? ¡Pero cuántas veces vendemos y compramos a Cristo, no de madera, de carne, en él y en nuestros prójimos! Nuestra vida es muchas veces una compraventa de cristos.

Bien… cedimos los dos… lo rebajó a 800 pesetas. Antes de despedirme, le pregunté si sabía la procedencia del Cristo y la razón de aquellas terribles mutilaciones. En información vaga e incompleta me dijo que creía procedía de la sierra de Arasena, y que las mutilaciones se debían a una profanación en tiempo de guerra.

Apreté a mi Cristo con cariño… y salí con Él a la calle. Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré solo, cara a cara con mi Cristo. Qué ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¡¿Quién fue el que se atrevió contigo?! ¡¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz?! ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Qué haría hoy si te viera en mis manos? …¿Se arrepintió?

– ¡CÁLLATE!— me cortó una voz tajante.

- ¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¡¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo?!

¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, Yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros.

- ¡CÁLLATE! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Ohh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: “No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller.

¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?”

- ¡NO, NO ME GUSTA!— Contestó el Cristo, seca y duramente.

- ¡ERES IGUAL QUE TODOS Y HABLAS DEMASIADO!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso:

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHIBO! ¡¿LO OYES?!

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias— me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

- ¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele, a ver si así, roto y mutilado te sirvo de clave para el dolor de los demás! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes.

Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me repugnan, me dan asco!, Los tolero forzado en mis pies de imagen tallada en madera, pero me hieren el corazón. ¡Tenéis demasiados cristos bellos! Demasiadas obras de arte de mi imagen crucificada. Y estáis en peligro de quedaros en la obra de arte.

Un Cristo bello puede ser un peligroso refugio donde esconderse en la huida del dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia, en un falso cristianismo. Por eso

¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada iglesia, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.

- Si Señor, te lo prometo— contesté. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy… viviré con un Cristo roto..

DIOS TIENE MANO IZQUIERDA

La misma tarde que compré mi Cristo, le pregunté al anticuario dónde estaría el brazo derecho.

- ¡Oh, imposible encontrarlo! –me contestó— Y no crea usted que no revolvimos ya todo el pajar en donde estaba tirada la imagen mutilada. Encontramos, eso sí, la pierna izquierda y se la pegamos pero de la mano derecha ¡Ni rastro!

El anticuario no sabía Señor por dónde andaba tu mano derecha, pero Tú, Tú sí que lo sabes, la estás desclavando continuamente y se te escapa siempre. No, no me extraña que no la tengas, anda por ahí, invisible pero eficaz.

¡¿Quién no siente de vez en cuando, el suave roce de la mano llagada de Cristo?! Esa mano invisible que, sin llamar a la puerta, se mete en todas partes; en el hospital, en el lecho de muerte, en la oficina, en el despacho, en la fábrica, en el cine, en el teatro. Se cuela de puntillas como una ráfaga luminosa y musical. No podemos dar un paso por la vida sin tropezar con la mano de Dios. Pero tú, Cristo mío roto, sólo tienes mano izquierda.

Y me imaginé que decía, después de sentir que mi Cristo sonreía silencioso: “Qué poco y mal me conocéis, ¿Qué sería de vosotros los hombres si yo no tuviera mano izquierda?, La tengo, pero no para evitar que me crucifiquen, sino para conseguir que mi padre no os condene, Yo no uso mi mano izquierda para salvarme de la cruz, sino para salvaros del infierno, ¿Lo comprendes ahora?”

Toda la aventura trágica y divina de nuestra vida, está en dejarnos guiar por las manos de Dios. Pero hay en nosotros un elemento difícil, esquivo, peligroso: la libertad. Y Dios la respeta misteriosamente, infinitamente.

Para conquistarnos dispone Dios de dos manos, la derecha y la izquierda que representan dos técnicas y dos tácticas. La mano derecha es clara, abierta, transparente, luminosa. La mano izquierda busca atajos, da rodeos, es cálculo, diplomacia, no tiene prisa, si es necesario actúa a distancia y finge la voz, pero aunque izquierda no es maquiavélica ni traidora, porque la mueve el amor.

Para cada alma Dios tiene dos manos, pero las emplea de modo distinto porque todas las almas son diferentes. Con la derecha, como a palomas blancas o a ovejas dóciles,

Dios guiaba a Juan Evangelista, a Francisco de Asís, a Juan de la Cruz, a Francisco Javier, a las dos Teresas...

Para conquistar a Pedro, a Pablo, a Magdalena, a Agustín, a Ignacio de Loyola, Dios tuvo que emplear la izquierda. Ante la mano derecha, se rebelan, entonces entra en juego la izquierda, busca un disfraz y se trueca en rayo, en bala, trata de ser freno que nos detenga, quiere alzarnos del barro en que caímos, se nos mete en el pecho para ver si logra ablandar nuestros corazones. Sus recursos son infinitos, hoy la disimula con modernos y actuales disfraces, es el ser más actual...

¡Se rompe una presa que arrastra mis fincas! Tengo un descuido inexplicable en el trabajo, y la máquina me siega un brazo. Íbamos en coche a 100 por hora, nos salió inesperadamente un camión, murieron en el acto mi mujer y un hijo, y quedé solo en la vida. Jamás he tenido una enfermedad, pero me dice el médico que tengo algo incurable...

Ante la mano izquierda de Dios, la primera reacción es un grito de rebeldía y desesperación, olvidamos la presa, el coche, el traidor, la muerte, porque adivinamos que ellos no tienen en definitiva la culpa, presentimos a Dios como responsable de ese dolor, que por ser tan terriblemente profundo, no puede venir de las criaturas y lógicamente nos encaramos a Dios. ¡Le gritamos, le emplazamos, le protestamos, le exigimos, le desafiamos, le condenamos! “¡PADRE…! ¡SI FUERAS PADRE, NO ME TRATARÍAS ASÍ!” Gritamos, protestamos, nos rebelamos y luego… nos quedamos solos.

Y vienen las primeras lágrimas nerviosas y quemantes, y sin darnos cuenta, la primera oración. Volvemos a protestar contra Dios, contra nuestra primera oración... Sucede el cansancio, las lágrimas ya son más serenas, ya rezamos sin protestar, tenemos ganas de besar algo, ¿Qué? Oh sí, eso, ya lo encontramos, un crucifijo, y con un beso le decimos a Dios, que está bien lo que Él disponga...

Terrible, violenta, dura, implacable, pero bendita mano izquierda de Dios. Se formulan absurdas expresiones: “Bendita presa que se rompió, arrasó mi fábrica, pero me acercó a Dios, yo andaba muy lejos de Él”.

Cristo mío roto, te lo digo en nombre mío y de todos, porque todos somos valientes para pedírtelo desde ahora: Señor, si no basta para salvarnos la ternura de tu mano derecha, desclava tu izquierda, disfrázala de lo que quieras: fracaso, calumnia, ruina, accidente, muerte. Cristo, que seamos hijos de tu mano, de tu derecha o de tu izquierda.

A la cabecera de tu cama, amigo, o en tu mesita de noche, tienes un Cristo clavado en la cruz, ¿Por qué esta noche, antes de acostarte, no le besas la mano izquierda? Dios sabrá compensarte ese gesto de valor y resignación cristiana.

 

SE HA PERDIDO UNA CRUZ

¡Atención! Se ha perdido una cruz y no se da con ella, es la de mi Cristo roto. ¿Alguno de vosotros, ha encontrado una cruz? ¿Queréis las señas? ¿El tamaño? No es muy grande, pero es una cruz y no hay cruz pequeña, además es una cruz para Cristo y entonces no hay modo de medirla, con estas señas basta porque en definitiva todas las cruces son iguales.

Perdonad pues mi insistencia, ¿Quién de nosotros no ha encontrado una cruz? Mejor dicho: ¿Quién no tiene una cruz? Es un derecho de propiedad irrenunciable que se está ejerciendo siempre, todos la llevamos. La llevamos encima, a cuestas, aunque no se nos vea, aunque sonriamos.

A veces por oculta, es más pesada. Esta noche al acostarnos, no podremos dejarla colgada en la percha, al levantarnos mañana, no será necesario vestírnosla, saltaremos de la cama con ella ya puesta.

¿Que quién ha encontrado una cruz? Todos… todos, buenos y malos, santos y criminales, sanos y enfermos, ni siquiera respeta a los que parecen desafiar el dolor con las carcajadas y juergas de su vida.

Esa pobre mujer, que repintada y aburrida espera sentada a la barra de la cafetería o arrimada a la esquina estratégica, lleva una pavorosa cruz a cuestas, pesa tanto, que se apoya recostándose en la esquina, es una cruz más pesada de lo que sospechamos y el que se acerca a ella buscando el placer, lo hace por huir de otra cruz. Hablan los dos, regatean, prometen, se arreglan al fin y allá van por la calle adelante, con prisa y con la cruz a cuestas, y cuando regresan, cuando ya han tratado de aplacar su hambre de felicidad, sienten defraudados que ha aumentado su cruz, que es mayor. En ella, asco y envilecimiento, en él, desolación.

Toda ciudad en definitiva es un bosque, una selva, una colmena de cruces, ¿Y sabes amigo por qué a veces nuestra cruz resulta intolerable? ¿Sabes por qué llega a convertirse en desesperación y suicidio? Porque entonces nuestra cruz, es una cruz sola, sin Cristo, solamente se puede tolerar cuando lleva un Cristo entre sus brazos.

Una cruz laica, sin sangre ni amor de Dios, es absurda, no tiene sentido, por eso, se me ocurre una idea: Yo tengo un Cristo sin cruz y tú tienes, tal vez, una cruz sin Cristo. Los dos están incompletos. Mi Cristo no descansa, porque le falta su cruz, tú no resistes tu cruz porque te falta Cristo. ¿Por qué no le das esta noche tu cruz vacía al Cristo? Tú tienes una cruz sola, vacía, helada, negra, sin sentido. Te comprendo, sufrir así es irracional y no me explico ¿Cómo has podido tolerarla tanto tiempo? Tienes el remedio en tus manos… anda, dame esa cruz tuya, dámela, te doy en cambio, este Cristo sin reposo y sin cruz. Tómalo, es tuyo, dale tu cruz, toma mi Cristo; júntalos, clávalos, abrázalos y todo habrá cambiado.

Mi Cristo roto descansa en tu cruz, tu cruz se ablanda con mi Cristo en ella. Hemos encontrado una cruz, la nuestra, que resulta ser la de Cristo...

 

 

 

 

¡¿QUIÉN TE PARTIÓ LA CARA?!

Cristo, yo había oído muchas veces esta amenaza en labios trémulos por el odio:

“¡MIRA QUE TE PARTO LA CARA!” Y siempre pensé que todo suele quedar en un puñetazo, un bofetón, una cuchillada en la mejilla. Sólo en Ti se ha cumplido literalmente la brutal amenaza, te han partido la cara de un solo tajo.

Yo se la hubiera restaurado, pero Él me lo prohibió. Por eso me dedico en un juego de fantasía y cariño, a restaurársela idealmente, colocando sobre su cabeza sin facciones, las caras que para mi Cristo, ha soñado el arte universal. Consumo en este juego, museos, colecciones, galerías, catedrales, pinacotecas. Todo va pasando por el tajo de su cara en un desfile lento, y me siento Velázquez o Juan de Meza, con un patetismo barroco, o Montañés con olímpica belleza, o Leonardo, de infinita tristeza.

Pero desde hace unos días, he tenido que renunciar también al consuelo de este juego, ¡el Cristo roto es terrible en su exigencia!, no concibe treguas, y me lo ha prohibido también. Yo creí al principio que le gustaba, al menos lo toleraba silencioso, hasta que un día me interrumpió severamente:

- ¡BASTA! No me pongas ya más caras, he tolerado tu juego demasiado tiempo. ¿No acabas de comprenderlo? No me pongas más esas caras que pides de limosna, al arte de los hombres. ¡Quiero estar así, sin cara! Prometiste que jamás me restaurarías… a no ser, que quieras ensayar otro juego, ponerme otras caras. Esas… sí las aceptaré.

- ¿Cuáles Señor? Te las pondré enseguida. Dime qué caras y te las pongo.

- Temo que no lo entiendas, incluso que te escandalices como los fariseos... Me refiero a otros rostros, pero reales, no fingidos como los que inventabas, y que son también míos, como el que me cortaron de un tajo.

- Ahh, ya creo adivinar Señor, te refieres a las caras de los santos, de los apóstoles, de los mártires…

- Esas caras en verdad, son mías. Nadie me las niega ni me las regatea. Pero yo quiero otras, las reclamo, muy pocos se atreverían a ponérselas, Yo sí.

Hizo un descanso, como para tomar fuerzas. Respiró profundamente. Yo estaba asustado, tenía miedo, pero no había remedio. Entonces me dijo:

- Oye, ¿No tienes por ahí un retrato de tu enemigo? De ese que te tiene envidia y que no te deja vivir; del que interpreta mal por sistema todas tus cosas, del que siempre va hablando mal de ti, del que te arruinó, del que dio malos y decisivos informes sobre ti, del traidor que te puso una zancadilla, del que logró echarte del puesto que tenías, del que te denunció, del que te metió en la cárcel...- Cristo, ¡no sigas!

- Es demasiado, ¿Verdad?  - Es inhumano, es absurdo…

- ¿Te has fijado bien en la cara de los leprosos, de los anormales, de los idiotizados, de los mendigos sucios, de los imbéciles, de los locos...?

- ¿Y...? ¿Y me vas a decir Cristo, que esas caras son tuyas y… y que te las ponga? No, no, imposible.

- ¡Espera! no acabo aún... Toma bien nota de esta última lista y no olvides ningún rostro: Tienes que ponerme la cara del blasfemo, del suicida, del degenerado, del ladrón, del borracho, del asesino, del criminal, del traidor, del vicioso. ¿No has oído?

¡Necesito que pongas todos esos rostros sobre el mío!

- …No, no Señor… -contesté— ¡No entiendo nada! ¿Todos esos rostros miserables y corruptos sobre el tuyo, sagrado y divino?

- ¡Sí, así lo quiero! ¿No ves que todos ellos pertenecen a esta pobre humanidad doliente creada por mi padre? ¿No te das cuenta que yo he dado la vida por todos?

Quizá ahora comprendas lo que fue la Redención.

Escucha: Yo, como hijo de Dios, me hice responsable voluntariamente de todos los errores y pecados de la humanidad. Todo pesaba sobre Mí, mi Padre se asomó desde el cielo para verme en la cruz y contemplarse en Mi rostro, clavó sus ojos en Mí y su pasmo fue infinito. Sobre mi rostro, vio sobrepuesta sucesiva y vertiginosamente las caras de todos los hombres. Desde el cielo, durante aquellas tres horas terribles de mi agonía en la cruz, contemplaba el desfile trágico de la humanidad vencida, mientras tanto Yo le decía:

“¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!” No era Yo sólo quien moría en la cruz, eran miles y miles de dolientes seres humanos, derrotados muchos por sus propias pasiones, por sus errores, por sus pecados. El desfile era terrible, repugnante, grosero. Mi Padre vio pasar sobre mi rostro la cara del soberbio; la del sectario, imaginando la destrucción de Dios, la del asesino frío y desalmado...

Había labios repugnantes, ojeras hundidas marcadas con fuego de lujuria, alientos insoportables de ebriedad, palidez de madrugadas encenagadas en el vicio, sórdidos rictus de amargura y desesperación, turbadoras miradas de perversión y delito, de subterráneas anormalidades inconfesables y oscuras. Toda la derrota y las lacras de una humanidad irredenta, la agonía, la muerte. Y mi Padre… Dios, las amó a todas y perdonó sus pecados”.

Mi Cristo calló, qué pobre y ridículo me pareció el arte de los hombres y qué profundo e insondable el amor de Dios. Y desde entonces, enmudeció. No volvió a hablarme más.

No olvidemos nunca esta suprema y difícil lección. No olvidemos nunca la superficie lisa del rostro de mi Cristo, tajado verticalmente. Podríamos compararlo con un portarretrato vacío. En él se nos ofrece la oportunidad de colocar la cara de aquél o aquellos que nos han hecho daño o que odiamos profundamente, haciéndonos más daño a nosotros mismos que a quien es objeto de nuestro rencor.

¡Sí…, sí, seamos valientes! Recordemos el rostro que mayor odio y antipatía nos produzca, acerquémoslo a Cristo, aunque sintamos temblar nuestro pulso. Coloquémoslo sobre el suyo e imaginemos que nuestro enemigo, ese ser que odiamos, ocupa su lugar en la cruz. Cerremos los ojos, acerquémonos al crucificado y besemos reverentes y humildes su figura.

Al besar un Cristo, con el rostro de nuestro enemigo, nos envolverá una voz cálida y musical, paternal y bondadosa. Aquélla que hace muchos siglos nos dejara la más grande y maravillosa herencia que hombre alguno pueda tener, encerrada en sólo seis sencillas palabras:.

“Amaos los unos a los otros”..

jueves, 27 de junio de 2019


“PEDRO DE PESCADOR A SALVADOR”

“Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres,
Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos…”

Pedro es la figura más significativa de los apóstoles en la vida de Jesús, su fiel compañero, pero al final dudo cayendo en el temor y la cobardía para negar a Jesús y evitar la condena de los acusadores en esa época.

Sin embargo, Jesús con este episodio marca un legado muy profundo en la vida de todo ser humano, todos en determinado momento caemos ante el dolor y el temor, Jesús en los últimos instantes de su vida le da a Pedro un mensaje importante para su misión a emprender, de pescador a salvador de hombres, en el eterno camino por forjar un mundo más digno donde vivir “.
Este camino muestra que “todos somos imperfectos” por ello no podemos desafiar nuestra naturaleza con frases de “yo nunca, yo jamás, yo siempre.” porque las circunstancias al final, marcaran al verdadero hombre con sus dudas, errores y temores.

Pero Jesús también le hace sentir a Pedro el valor inapreciable del arrepentimiento, la misericordia y el perdón, sentimientos propios de la fortaleza y la dignidad del ser humano.
Es un mensaje contra la soberbia, la arrogancia y la indiferencia, pero mostrándonos la fuerza interior para levantarnos del remordimiento aprendiendo a ser humildes reconociendo nuestras faltas, enmendarlas aceptando nuestras flaquezas.

En esta celebración por el día del pescador, veamos a estos hombres de mar con sus redes y embarcaciones en el horizonte, esforzándose, acostumbrados a soportar las inclemencias del tiempo, buscando con esperanza el sustento diario.

Pero también hagamos un llamado a estos hombres para valorar y salvar la naturaleza de la cual viven, cuidándola, protegiéndola para que siempre haya el alimento de cada día, porque la indiferencia y la soberbia destruyen el porvenir de nuestras próximas generaciones.
En este día luchemos en solidaridad, porque siempre haya hombres en el mar trabajando con justicia y dignidad por el progreso de nuestro país.
¡FELIZ DÍA DEL PESCADOR!






domingo, 23 de junio de 2019


POSICIÓN DE LA IGLESIA
 ANTE LA CRISIS VENEZOLANA

JUSTICIA E IMPARCIALIDAD


Muy controversial es el tema de la crisis venezolana en nuestro país , nuestra realidad de inestabilidad, falta de inversiones generada por la  crisis de nuestra democracia , muestra la situación de los venezolanos en nuestro país como una situación de emergencia, porque mientras los demás países sudamericanos tomaron medidas de prevención , el gobierno del Perú tomo la decisión irresponsable e hipócrita de ser el país salvador, pero bien sabemos que las buenas intenciones nunca serán el solución para ningún problema.
La iglesia católica toma una posición de apoyo indirecto al gobierno en este tema, porque se vale del sentimiento de los peruanos para justificar principios de solidaridad y ayuda, con los más necesitados identificando este apoyo en favor de los venezolanos.
La iglesia católica salvaguardando ciertos intereses políticos, olvida el sentido justicia e imparcialidad con todos los seres humanos, ignorando los múltiples problemas socioeconómicos sin resolver por el gobierno, en donde la iglesia católica también ha mostrado insuficiencia para atender los conflictos sociales de nuestra población.
La iglesia católica pide a la población tolerancia y olvida la justicia e imparcialidad, justicia para reconocer que la solución del conflicto venezolano va más allá de una ayuda divina o milagros de fe, porque la situación de los venezolanos en nuestro país es un tema netamente socioeconómico, por cuanto ya no son inmigrantes son REFUGIADOS.
Dios nos pide que seamos santos no sonsos.

Ante un conglomerado de refugiados sin control ni planificación por parte del gobierno, el precio por pagar es desnutrición, aumento de la pobreza, hacinamiento, aumento de la delincuencia ya sea por necesidad o por criminalidad.
La iglesia católica nunca ha estado exenta de la política, aunque al final ha recibido muchas críticas, en esta ocasión le valdría tomar una posición neutral e imparcial, considerando la inmensa pobreza e inseguridad de nuestra población más olvidada e ignorada.
La iglesia católica así como ninguna orden religiosa puede optar por una posición cómoda, aprovechándose de la sensibilidad humana para oprimir mas a los hogares, propiciando el aumento del abuso y explotación laboral, así como incrementar la presión ante los servicios públicos de por si escasos para los mismos peruanos más necesitados.
Le valdría recordar a las organizaciones religiosas que su misión pastoral de ayuda, deben asumirla con planificación y justicia
La crisis venezolana ahora una crisis regional en aumento y peligro para la estabilidad de los países, debe ser contemplada desde todos los ámbitos con una ayuda internacional.
Ayuda humanitaria de todos los países, donde una solución a corto plazo sería los campamentos de refugiados, solicitando y recibiendo ayuda humanitaria de todos los organismos internacionales incluyendo los organismos religiosos, haciendo su laboral pastoral, sin perjudicar la estabilidad socioeconómica de los países.
Las organizaciones religiosas como la católica deben ser imparciales y justas, porque la fe se demuestra con obras, OBRAS QUE DEBEN CONTEMPLAR A TODOS.


 Resultado de imagen para friaje en puno 2019




lunes, 13 de mayo de 2019

MARIA SIEMPRE A MI LADO


MADRE ETERNA Y CELESTIAL QUE ESTAS JUNTO
A MI AUN CUAN LEJOS ME ENCUENTRO DE TI
ESCUCHAS MI ALEGRÍA, MI ESPERANZA
ESCUCHAS MIS LAMENTOS MI AGONÍA,
SIENTES MIS DUDAS E INSEGURIDADES,
PERO TU ASPIRAS EL AIRE DE MIS SUEÑOS
ESTAS SIEMPRE CONMIGO
YO NO SIENTO TU MANO, NO SIENTO TU ALIENTO,
SI NO ENTIENDO TU MENSAJE
PERDONA SI NO TE ESCUCHO COMO DEBIERA,
SI NO SIGO TUS PASOS COMO QUISIERAS
EXTIENDEME TU MANO, COBIJAME EN TU REGAZO
EN EL LABERINTO CRUEL DE MI IGNORANCIA E IMPERFECCIÓN
SOLO SIGUE SIEMPRE A MI LADO
AUNQUE MIS ILUSIONES SE DESVANEZCAN
DEJA A TU CORAZÓN LATIR JUNTO AL MIO
GUÍA MIS PENSAMIENTOS, MIS ACCIONES
AUNQUE LOS PESARES ME AGOBIEN
MI PALABRA, MIS DECISIONES,
AUNQUE LA TRAGEDIA ME EMBARGUE
ELEVA MI ESPÍRITU PARA QUE NO DECAIGA ANTE LA ADVERSIDAD
Y MIS SUEÑOS SEAN CADA VEZ MAS DIFÍCILES
ROSEAME CON LA ESPERANZA DE TU AURA,
DAME LAS FUERZAS NECESARIAS ANTE EL DOLOR Y LA TRISTEZA
CON LA FE EN EL PORVENIR
PARA SENTIR QUE EL AMOR SIEMPRE EXISTE.
NO DEJES A MIS LAGRIMAS LLENARSE DE RESENTIMIENTO
EN LA VIDA QUE EL SEÑOR ME OFRECE,
SIEMPRE INGRESA EN MI INTERIOR,
INTERCEDE POR MI EN MIS CONTRADICCIONES
EN EL NOMBRE DEL PADRE DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
PARA SENTIR, AUNQUE SEA EN MIS SUEÑOS,
LA IMAGEN DE TU FRAGANCIA, DULZURA Y SANTIDAD
AUNQUE NO SEA DIGNA DE TANTA FIDELIDAD
SED MI AMIGA SIEMPRE Y ACÉPTAME
BENDÍCEME CON TU AMOR
AMEN
GRACIAS POR TANTA BONDAD









jueves, 18 de abril de 2019


SEMANA SANTA EL HONOR DE VIVIR Y MORIR
Jesus murió en la cruz sacrificado por una población sin principios ni valores para entender su mensaje pidiendo “amaos los unos a los otros” ante esta expresión surgieron interrogantes por heridas abiertas ante la explotación y abuso, ¿perdonar a mi enemigo? , ¿poner la otra mejilla?
Este el honor de morir por un ideal, 
enfrentando con valor el martirio, humillación, desprecio y traición,la maldad de la epoca,
 dejándonos un legado valioso para la posteridad, 
el morir con dignidad y esperanza 
en la conversión del ser humano.
Sean estas pascuas una semana de reflexión
 sobre la vida y la muerte, ambas tienen el honor de darnos paz y tranquilidad,
 cuando nuestras acciones sin haber dañado a los demás 

se despojan de todo interés mezquino,
 este es el ejemplo mas significativo 
para nuestras futuras generaciones.
¡¡¡FELICES PASCUAS AMIGOS!!!


domingo, 25 de marzo de 2018


EL VALOR DEL ARREPENTIMIENTO



Por Sofia Flores

¿Pedro me amas? Pregunto Jesus 3 veces a Pedro y al final Pedro se entristeció porque recordó que 3 veces lo había negado y así humildemente le dijo “Señor tú lo sabes todo”.

En este pasaje tan significativo durante la pasión de cristo, tan recordado en Semana Santa, Jesus nos invita a reconocer nuestras debilidades e imperfecciones como seres humanos, tal como Jesús también durante su oración en el huerto imploro misericordia y cayó ante el temor por la crueldad a enfrentar, pero luego con sumisión acepto su destino en señal de obediencia.

Es así como Jesús nos demuestra la fragilidad del ser humano, pero también nos muestra el valor del arrepentimiento, al superar estas debilidades reconocemos que no puede haber grandeza sin humildad.

Constantemente vivimos entre temores e incertidumbres por el presente o el mañana, en ocasiones el temor vence resquebrajando nuestra fortaleza, dejándonos sin deseos de luchar perdiendo aquella fuerza interior necesaria para enfrentar situaciones difíciles, renunciando a la esperanza o a la felicidad.

Reconocer nuestras flaquezas es un paso valioso hacia el arrepentimiento, a la concertación, abriendo el camino hacia el entendimiento, la solidaridad y el perdón.

Muchos conflictos podrían evitarse si tan solo pudiéramos tener el poder de la reconciliación, aceptándonos como personas con atributos e imperfecciones, pero decididas a no permitir el odio ni el enfrentamiento, encontrando puntos de conciliación, a fin de lograr un mundo más humano y justo.

Por la grandeza del arrepentimiento de Pedro, Jesus lo eligió como el pilar fundamental de una iglesia cuya fe trascendiera en los hombres de generación en generación, aunque las estructuras se pierdan, la fe se mantendrá viva mientras seamos capaces de reconocer y enmendar nuestras faltas, porque la grandeza del ser humano no está en eludir los obstáculos sino en enfrentarlos, cayendo y levantando.


¡FELICES PASCUAS HERMANOS!!


sábado, 20 de enero de 2018

PAPA FRANCISCO EN EL PERU


VIVIR CON ESPERANZA



Por Sofia Flores

No es fácil hablar de perdón y reconciliación en medio de los estragos dejados por la maldad del ser humano, los cuales no tienen etiqueta social, profesional, religiosa, política, mucho menos lazos familiares, siempre tendremos a nuestro alrededor la lucha entre el bien y el mal.

Parte de nuestra vida se cimenta en enfrentar lo malo, aunque a veces perdemos también ganamos, es en esta lucha cuando requerimos un pilar importante, la RECONCILIACIÓN”, esta actitud hará realidad la transformación de los despojos hirientes de un presente o un pasado en esperanza para vivir y ser feliz, rompiendo las cadenas del odio, la desdicha y el resentimiento.

La historia nos presenta a un Jesús crucificado teniendo a sus pies, a su madre arrodillada, ambos sufriendo el martirio en injustos acontecimientos como la traición, humillación, sed de venganza, tortura y muerte, pero Jesús antes de morir nos manda su último mensaje, el del “PERDÓN”, fue así como hasta el final Jesus nunca perdió la esperanza en la conversión del hombre, en la reconciliación como instrumento esencial para la paz en el mundo.

La visita del Papa Francisco nos trae este mensaje, tan ignorado por un mundo preocupado en el avance del conocimiento, en sus leyes o reglamentos, pero tan necesitados de vivir en paz consigo mismos, erradicando sentimientos ofensivos y mezquinos buscando justicia, los cuales pueden apaciguar su sed de venganza, pero no consiguen salvaguardar la unión y solidaridad, elementos esenciales en la vida de todo país, para enfrentar la codicia de otros.

El Papa Francisco habla de esperanza , pero no puede haber esperanza  sin reconciliación , y no puede haber reconciliación sin perdón  , la difícil tarea de no conseguir el perdón, nos limita a seguir vistiendo el luto del pasado con su resentimiento, nos condiciona a la sed de venganza o al castigo, encerrándonos en nuestra propia autodestrucción, privándonos de aquella  fortaleza para enfrentar el destino sin temor, confiando en nuestro anhelo de progresar sin dejarse vencer por la adversidad teniendo  esperanza.

Si bien las leyes humanas insertan reglamentos y castigos ante los malos actos, a fin de protegernos por las injusticias y vivir dentro de una sociedad civilizada, estas no pueden condicionar y hasta limitar el anhelo de vivir con esperanza, muchas veces las sanciones humanas no sellan el infortunio o nuestra tristeza.

Algo más difícil a intentar necesario para lograr paz y levantarnos ante el dolor, es el “perdón” como primer eslabón para la reconciliación, concertando es como podremos reflejar entre nuestros familiares, amigos, paisanos, compatriotas y hermanos del mundo, la verdadera esperanza en un mañana mejor, aprendiendo del pasado, desechando lo malo, rescatando lo bueno, unidos, con honestidad e imparcialidad.

El Papa Francisco es el representante de una iglesia con muchos errores a enfrentar, el camino para superar estas controversias no es fácil, porque su labor es ayudar siguiendo el ejemplo de Jesus quien vino a salvar, no a condenar, manteniendo siempre   la esperanza, solo aquel capaz de perdonar puede entender esta difícil misión.

Muchas veces pedimos justicia, pero injustamente criticamos y hasta condenamos lo malo refiriéndonos a la raza, al profesional o al religioso, cuando lo justo sería condenar la maldad de sus acciones como ser humano.

Solo se podrán tender puentes para concertar, cuando el perdón se encuentre en los extremos de cada uno de ellos, de lo contrario solo serán buenas intensiones vacías para cruzar.

Seamos sinceros, seamos justos con el maravilloso mundo que nos ha tocado vivir, la promesa de un hombre llamado Jesús, inspirado en los designios de un ser supremo, no es vivir en una creación perfecta, es la fortaleza para no dejarnos destruir por la adversidad, todo esto será posible cuando aprendamos a vivir con esperanza.